Las semillas de limón son uno de esos residuos: tendemos a deshacernos de ellas casi instintivamente, sin saber que valen su peso en oro. ¡Así es!

El limón en sí es una de las frutas más valiosas de la naturaleza: es muy rico en vitamina C, fibra y potasio y libera flavonoides útiles para mantener la piel joven y elástica, también gracias a la presencia de una buena dosis de vitamina E y betacaroteno. . . Estimula el sistema inmunológico, facilita la digestión y libera valiosos nutrientes importantes para nuestro bienestar.

Y luego es muy útil en la cocina no solo para condimentar platos dulces y salados, sino también para limpiar. El ácido contenido en su jugo limpia, disuelve depósitos, moho y cal, solo o en combinación con la cal, en definitiva, es un verdadero milagro de 360 ​​grados.

El nombre científico del árbol es Citrus limon, una planta de la familia Rutaceae. Puede alcanzar una altura de hasta 6 metros, pero también podemos cultivarla en maceta si vivimos en un lugar templado. Los frutos se cosechan de noviembre a abril y tienen un bonito color amarillo brillante. Sin embargo, también hay limas: no se trata de productos inmaduros, sino del resultado de una floración forzada en verano. Para ello, los agricultores privan a los árboles del riego necesario para que puedan germinar una segunda vez al año: los frutos tienen una corteza fina y una pulpa jugosa, son más resistentes a los cambios de temperatura y son fáciles de transportar. ¡Del ingenio humano, bien combinado con el poder de la naturaleza, han surgido nuevas variaciones que son muy notables!

¡¿Y las semillas?!

Semillas de limón: ¡Si las tiras, algo estás haciendo mal! ¡Son muy útiles!

Semillas de limón: ¡Si las tiras, algo estás haciendo mal! ¡Son muy útiles!

Entendemos que con el limón nada se desperdicia: el jugo aporta sabor a recetas dulces y saladas diluido en agua para calmar la sed; La cáscara huele a galletas y pasteles o le da sabor al alcohol para hacer limoncello. ¿Qué pasa con las semillas? Este no es un producto desechable.

Por supuesto también podemos plantarlas en maceta para conseguir una nueva planta. Lávalas bien, sécalas y retira esta fina piel con unas pinzas. Colóquelos en un frasco sobre un algodón húmedo. Al cabo de un tiempo veremos los primeros brotes, cuando crezcan podremos plantarlos en el suelo.

O, y esto es una verdadera sorpresa, pueden convertirse en una plétora de términos.

Lávalas y sécalas, luego colócalas en una bolsa de algodón, lino, seda, tul o tela. Séllalas y caliéntalas en el microondas o en la estufa. Absorben el calor pero lo liberan lentamente: por eso podemos utilizarlos en zonas dolorosas como el cuello, la nuca y las articulaciones para aprovechar su poder curativo natural.

O úsalo para perfumar cajones y alacenas, agrega unas gotas de aceite esencial y disfruta de los resultados.